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Marzo 2010

Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes

March 29, 2010 por lucia76   Comentarios (1)

Por el Elder NEIL L. ANDERSEN

Quiero contarles una experiencia de un fiel Santo de los Últimos Días que es un buen amigo mío. Me

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referiré a él únicamente como “mi amigo” por razones que luego entenderás. Como agente especial del FBI, mi amigo investigaba grupos de crimen organizado que transportaban drogas ilegales a los Estados Unidos. En una ocasión, él y otro agente se acercaron a un apartamento donde pensaban que un conocido narcotraficante distribuía cocaína. Mi amigo describe lo sucedido:

“Tocamos a la puerta del narcotraficante. El sospechoso abrió la puerta y, al vernos, trató de interponerse para que no pudiésemos ver, pero fue demasiado tarde porque pudimos ver la cocaína sobre la mesa. “El hombre y la mujer que se encontraban frente la mesa empezaron de inmediato a quitar la cocaína. Debíamos evitar que destruyeran la evidencia, de modo que rápidamente empujé a un lado al sospechoso que nos bloqueaba la entrada. Al hacerlo, los dos nos miramos a los ojos y, curiosamente, no parecía estar enojado ni tener miedo, y me sonreía. “Su mirada y su sonrisa cautivadora me dieron la impresión de que él no le haría daño a nadie, por lo que me alejé de él y me dirigí hacia la mesa. El sospechoso quedó a mis espaldas. En ese instante, vino a mi mente una impresión clara y poderosa: ‘Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes’. “De inmediato me volví hacia el sospechoso; tenía la mano metida en el bolsillo grande de adelante. Instintivamente, le agarré la mano y se la saqué del bolsillo. Fue entonces que me di cuenta de que tenía firmemente
agarrada una pistola semiautomática, lista para disparar. Tras un momento de conmoción, pude desarmarlo”

Más tarde, en otro caso, el narcotraficante fue declarado culpable de asesinato y se jactó de que también habría matado a mi amigo si éste no se hubiera dado vuelta en ese preciso momento.
A veces me he puesto a pensar en la impresión que acudió a su mente:
“Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes”. De eso quiero hablarte esta noche. Empecemos con lo que sabemos: Lo bueno proviene de Dios; lo malo proviene del diablo3. Sin embargo, no son fuerzas semejantes que luchan mutuamente en el universo. A la cabeza de todo lo que es bueno está Cristo, quien es el Unigénito del Padre, quien creó nuestro mundo y muchos otros. Nuestro Redentor es
un ser resucitado y perfecto4. Yo sé que Él vive. El diablo, por otro lado, “persuade a los hombres a hacer lo malo”. “[Ha]  caído del cielo... [ha] llegado a ser miserable para siempre”6, y ahora quiere “que todos los hombres sean miserables como él”7. Él es un mentiroso y un fracasado8. El poder del Salvador y el poder del diablo en verdad no se comparan9. Sin embargo, en este planeta se le ha concedido a lo malo un lugar prominente a fin de darnos la oportunidad de escoger entre el bien y el mal. La Escritura dice: “...Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo... [y] el hombre no podía actuar por sí a menos que lo atrajera lo uno o lo otro”10. La elección entre el bien y el mal es
esencial en nuestra experiencia terrenal. En el análisis final de nuestras vidas, en realidad no importará si fuimos ricos o pobres, si fuimos atléticos o no, si tuvimos amigos o si se olvidaban de nosotros. Podemos trabajar, estudiar, reír y divertirnos, bailar, cantar y disfrutar de muchas diferentes experiencias, las cuales forman una parte maravillosa de la vida, pero que no son esenciales para lo que estamos aquí11. La oportunidad de elegir lo bueno en vez de lo malo es precisamente la razón por la que estamos aquí12. Ninguno de nosotros diría: “Quiero elegir lo malo”. Todos deseamos elegir lo bueno. No obstante, la elección de lo bueno en vez de lo malo no siempre es fácil, ya que muchas veces lo malo se esconde tras ojos sonrientes. Escucha estas advertencias: “Tened cuidado... de que no juzguéis que lo que es malo sea de Dios”. “Debéis velar y orar siempre, no sea que entréis en tentación; porque Satanás desea poseeros”14. “Satanás ha intentado engañaros, para destruiros”. El mensaje es éste: “¡Cuídate de lo malo tras los ojos sonrientes!”. He conocido a algunos jovencitos que empezaron con todas las intenciones de permanecer firmes en su lealtad al Salvador, pero que se desviaron del camino porque no vieron lo
malo tras unos ojos que aparentaban ser muy inofensivos. Vieron la diversión, el placer, la aceptación, pero no vieron las otras consecuencias. Entonces, ¿cómo podemos discernir lo malo que se esconde tras algo que no parece ser malo? Tú ya sabes las respuestas, pero aquí te presento unas ideas: Primero, habla con tus padres. ¿Te parece esa una idea radical? Como padres, sabemos que nos falta mucho para ser perfectos, pero te amamos y, junto con tu madre, hay un profundo interés en que elijas lo bueno. En seguida, sigue al profeta. A estos quince hombres a quienes sostenemos
como profetas, videntes y reveladores se les da poder divino para ver lo que nosotros a veces no vemos. El presidente Hinckley nos ha dado consejos claros y específicos en cuanto a “lo malo tras los ojos sonrientes”. Y cuentan con la guía inspirada del folleto “Para la fortaleza de la juventud”.

Si aplicas el consejo del presidente Hinckley, el Señor ha prometido que Él “dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros”18. Podrás ver “lo malo tras los ojos sonrientes” y su atractivo
no te llamará la atención. Algo de suma importancia es que permitas que el Espíritu Santo sea tu
guía. El Señor ha prometido que si vivimos rectamente, la voz suave y apacible vendrá a nuestra mente y a nuestro corazón19. Tú has sentido esa influencia; tú conoces esa voz. El don del Espíritu Santo es un don espiritual; es algo sensible que no se relacionará con la indignidad. No puedes
ofenderlo o despreciarlo un día, y esperar que te fortalezca al día siguiente, pero, a medida que des oído a sus impresiones y permanezcas digno, se fortalecerá en tu interior. Así como el Espíritu Santo previno a mi amigo del peligro físico, así también te advertirá del peligro espiritual. Por último, logra tu propio testimonio del Salvador; ora fervientemente; lee el Libro de Mormón.

 

¿Qué hacen los Misioneros SUD?

March 25, 2010 por lucia76   Comentarios (0)

, , , , , ,

 

imageLa Iglesia Mormona siempre ha hecho enfoque en la obra misional. Desde el comienzo, la Iglesia manda a misioneros a predicar el Evangelio de Jesucristo y a dar las buenas nuevas de la restauración a todo el mundo. Teniendo más de 338 misiones alrededor del mundo y 55,000 misioneros predicando, los Mormones (o SUD) son la Iglesia más activa en proselitismo. Al ver una pareja de misioneros caminando por la calle, es fácil tener curiosidad de la vida de un misionero Mormon.  

¿Es obligatorio servir una Misión?

En la Iglesia se nos enseña la importancia de servir una misión desde una temprana edad, pero no se obliga a nadie a hacerlo. Cuando los jóvenes reconocen la importancia del Libro de Mormón, el Plan de Salvación, el Sacerdocio, la Familia Eterna, y la Restauración de la Iglesia de Jesucristo, entonces deciden ir a una Misión. Estos son principios que son esenciales para la salvación y exaltación del hombre, y son los principios que los jóvenes dignos de la Iglesia comparten en la misión. Cuando se decide ir a una Misión, se espera de los jóvenes dignos que puedan servir una misión de tiempo completo, que es de dos años para los élderes, (que es el título que utilizan los varones), y un año y medio para las hermanas que desean hacerlo.

¿Que edad tienen los misioneros de tiempo completo?

Los Misioneros varones salen a servir una misión entre las edades de 19 a 26 años y sirven por un período de 2 años. Las Misioneras sirven de 21 años en adelante y lo hacen por un período de un año y medio.

¿Reciben pago los misioneros?

Los misioneros y misioneras no reciben pago ni ninguna recompensa monetaria por servir una misión. Habiendo dicho esto se preguntarán, ¿Cómo es entonces que se mantienen? Los misioneros y sus familias pueden pagar a su propia manera, o tanto como ellos puedan. En las circunstancias donde hay pobreza o dificultades extremas, y los jóvenes tienen el deseo de servir una misión, su familia puede pagar una porción y pedir ayuda al barrio (la congregación local). Los misioneros son ayudados también por un fondo general de la Iglesia establecido especialmente para ayudar a estos misioneros. En su mayoría, los misioneros y sus familias ahorran para el esperado tiempo en que puedan salir a servir como misioneros. Muchos jóvenes tienen un fondo misional en el que ellos pueden ir ahorrando dinero para su futura misión. Los misioneros tienen cuidado de que forma gastan su dinero. El dinero que tienen esta presupuestado para alcanzarles el tiempo de la misión. El dinero se usa principalmente, para comida, alquiler, y transporte.

¿Cómo se decide el país donde servirá el misionero?

Cuando los jóvenes llegan a los 19 o 21 años, llenan un paquete con su información y lo envían a la Presidencia de la Iglesia Mormona para indicar que desean servir una misión. Los líderes de la Iglesia, inclusive El Quórum de los Doce Apóstoles, oran para saber en donde se necesitan misioneros y a donde debe ir cada misionero. Ellos entonces asignan a cada misionero a una determinada misión (o área). La Iglesia en el 2005, tenía más de 330 misiones en todo el mundo. Cuando el futuro misionero recibe su llamamiento, este es motivo de celebración para la familia entera.

¿Cómo se capacitan para servir una misión?

Dependiendo del lugar al cual el misionero es llamado, él o ella reciben capacitación en un centro de capacitación misional o CCM. Aquí los misioneros reciben capacitación por parte de voluntarios sobre el idioma del país al cual van a servir, estudian el Evangelio, y aprenden a cómo enseñarlo.

Después de algunas semanas de capacitación, los misioneros salen para su misión. Los misioneros a menudo se refieren a esto como "entrar al campo misional". El Campo misional se refiere a cada lugar donde el Evangelio se predica y de ahí se refiere al mundo entero.

¿Quién preside sobre los misioneros?

Cada misión es presidida por un Presidente de misión. El supervisa a los misioneros, cuida de su bienestar, y los asigna para trabajar en varias áreas dentro de las fronteras de la misión. A cada misionero se le asigna un compañero, ya que el Señor ordenó a sus discípulos para ir a predicar de esta manera. En Marcos 6:7, leemos, "Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio la autoridad sobre los espíritus inmundos". Cada pareja de misioneros se apoya el uno al otro.

¿Tienen reglas los misioneros?

Los misioneros tienen numerosas reglas, la mayor parte les ayuda a permanecer enfocados en el trabajo misional. Algunas de las reglas más importantes son:

  • Ellos siempre deben permanecer con su compañero.
  • Ellos deben seguir un horario diario que incluye levantarse a las 6:30 a.m. y acostarse a las 10:30 p.m.
  • Ellos deben escribir una carta cada semana a su presidente de misión, y a sus padres y familia.
  • Ellos tienen estrictamente prohibido coquetear o estar a solas con una persona del sexo opuesto.
  • Ellos no miran televisión ni cualquier otro medio de comunicación, sea radio, periódico, o Internet (permitido para escribir a la familia.)
  • Sólo pueden llamar a sus familias dos veces al año, el día de las madres, y la Navidad.

Los misioneros pueden leer las escrituras y otros libros de la Iglesia así como escuchar la música religiosa. Los misioneros usan su tiempo en estudiar las santas escrituras, la Biblia y el Libro de Mormón, en predicar el Evangelio a todos los que encuentren, y en prestar servicio comunitario, como limpiar los parques de la ciudad, enseñar Inglés, o ayudar a los vecinos. Se espera que los misioneros dediquen por lo menos 10 horas por semana para prestar servicio comunitario, aunque muchos hacen mucho más.

¿Qué ganancia reciben los misioneros por servir una misión?

En 1 Corintios 9:18 dice: "¿Cuál pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio". Los misioneros no reciben ningún pago por sus servicio, pues reconocen que las cosas espirituales no tienen precio. Es mas bien un servicio de amor que hacen por sus semejantes. El Señor les enseñó a sus apóstoles, “Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos” (Juan15:13.) Los misioneros dedican todos sus esfuerzos para predicar el Evangelio restaurado, predicando que Jesucristo ha establecido Su Iglesia de nuevo en la tierra, que ha mandado de nuevo profetas y apóstoles a la tierra, y que de nuevo hay autoridad para sanar, bendecir, bautizar, y efectuar ordenanzas salvadoras. Ellos predican de nuevas revelaciones, del Libro de Mormón, del arrepentimiento, del bautismo, y que su familia puede estar junta para siempre. La recompensa más grande que puede recibir un misionero es ver la felicidad que trae el Evangelio a la vida de una persona. Muchos misioneros comentan que la misión es una de las experiencias más difíciles que existen, pero la más valiosa e increíble. El sacrificio de servir lejos de la familia, los amigos, y el hogar es poco precio por las bendiciones que el Señor les proporcionará el resto de sus vidas.

(www.laiglesiamormona.org)

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